La Liga MX volvió a quedar envuelta en la polémica, esta vez lejos de lo futbolístico. En el programa La Última Palabra (LUP) se abrió un intenso debate luego de que Antonio “Turco” Mohamed, técnico del Toluca, y Efraín Juárez, estratega de Pumas, protagonizaran gestos obscenos en partidos del Clausura 2026, desatando reacciones encontradas entre aficionados, analistas y autoridades disciplinarias.
El más reciente episodio ocurrió durante la derrota de Toluca ante América en la Jornada 15 del Clausura 2026, cuando Mohamed, visiblemente alterado en los minutos finales, realizó un gesto obsceno dirigido a la banca azulcrema. La acción fue captada por las cámaras de transmisión y rápidamente se viralizó en redes sociales, intensificando una rivalidad que ya venía cargada por finales recientes entre ambas escuadras.
El entrenador argentino acompañó la seña con palabras alusivas a los dos títulos que le ganó al América en 2025, lo que elevó la tensión al cierre del encuentro. Aunque posteriormente Mohamed intentó bajar el tono en conferencia de prensa, la polémica ya estaba instalada y la Comisión Disciplinaria analiza una posible sanción, recordando antecedentes similares en la Liga MX.
El anterior caso, que avivó el debate, se dio algunas semanas antes en Ciudad Universitaria, tras el empate 2-2 entre Pumas y Cruz Azul. Al finalizar el partido, Efraín Juárez celebró frente a la tribuna con ademanes considerados obscenos, señalándose la zona genital mientras gritaba frases relacionadas con la “garra” y el esfuerzo de su equipo. El gesto generó indignación en parte de la afición cementera y un fuerte debate mediático.
A falta de un dictamen oficial sobre el caso de Mohamed, Juárez sí fue sancionado oficialmente, recibiendo una multa económica por violar el reglamento de conducta, aunque evitó una suspensión deportiva. El propio técnico universitario defendió su postura al asegurar que se trató de una celebración dirigida a su afición y no un insulto, explicación que dividió opiniones tanto en la mesa de análisis como entre los seguidores del club.
En La Última Palabra, la discusión giró en torno a cuál de los dos gestos fue más grave y si la Liga MX ha sido consistente al momento de castigar este tipo de comportamientos.
Más allá de las comparaciones, el consenso fue claro en un punto: los entrenadores, como figuras públicas, están obligados a cuidar su conducta, especialmente en un futbol cada vez más expuesto al escrutinio social.
El debate en LUP reflejó una preocupación mayor sobre los límites de la pasión en el banquillo y el mensaje que este tipo de actos transmite en el futbol mexicano, en una liga que busca proyectar orden y profesionalismo dentro y fuera de la cancha.
