La historia se lo merece y la afición también. Un equipo de tradición, después de 5 años en la sombra del ascenso, por fin regresó a las mieles de la Primera División.

Necaxa y Juárez finiquitaron la final en la frontera. Bravos, con una corta, muy corta historia en el Ascenso MX y en el futbol mexicano. Rayos, escribiendo páginas de ida y vuelta desde 1923. Ambos, los mejores en el Apertura 2015 y Clausura 2016, respectivamente y ambos buscando el ascenso al máximo circuito.

Necaxa, con una mínima ventaja salió del Estadio Victoria con la esperanza de regresar a donde una vez fue un equipo popular, apoyo de la Selección Mexicana y de los mejores de la Liga. Juárez lo recibió con un ambiente cálido, pero con una casa llena de afición brava que se ilusionaba con empezar una historia con el pie derecho.

Los locales presionaron, tuvieron la pelota durante el primer tiempo y llegaron más que los hidrocálidos. Dos goles anulados pudieron haber cambiado el rumbo del ascenso.

Necaxa despertó al segundo tiempo. Cuando el Sol bajó, los Rayos cargaron pilas y atacaron al rival desde los primeros minutos. Al 55’ Luis Felipe Gallegos puso el 1-0 para Necaxa y al 88’ Jorge Sánchez remató dentro del área para finiquitar la serie y sellar el regreso a la Liga MX.

Pocos, pero fieles, los aficionados de Necaxa se entregaron a su equipo y el plantel respondió festejando con ellos; como uno solo, sin rejas que los separara, sin seguridad que parara el aliento, sin disturbios, así como debe ser el futbol, y con lágrimas de felicidad de esas que también salen cuando la gloria y el esfuerzo rinden sus frutos.

Así, después de descender de la mano de Sergio Bueno en el Clausura 2011, los Rayos del Necaxa regresaron para volver a Aguascalientes, una vez más, una plaza de Primera.