En el minuto 60, cientos de aficionados abandonaban Old Trafford, avergonzados por la imagen de un Manchester United que fue humillado por el Liverpool en el clásico de Inglaterra y en el que Mohamed Salah demostró ser el mejor futbolista de la Premier League (0-5).

Tres goles para el egipcio, uno para Naby Keita y otro para Diogo Jota, en una apisonadora que pasó por Mánchester y se llevó por delante a los ‘Diablos Rojos’ y seguramente a su técnico, un Ole Gunnar Solskjaer al que ya no le queda argumentos par aguantar en el puesto.

Desde la previa se apreciaba que el Liverpool es mucho más equipo que un United que venía de sufrir con el Atalanta y de pinchazos consecutivos en la Premier.

Sin embargo, en los Clásicos se espera que estas diferencias se acorten y que la adrenalina y la emoción de los propios jugadores igualen lo que el juego previo o los pronósticos cuenta.

Pero es que entre el Liverpool y el Manchester United, y más concretamente entre Jürgen Klopp y Ole Gunnar Solskjaer, la diferencia es insalvable.

Sobre todo en una tarde en la que la defensa de los ‘Diablos Rojos’ es invisible, con un Harry Maguire perdido y evidenciando que los 80 millones de euros que pagaron por él fueron excesivos.

Manita en Old Trafford, llegaban reminiscencias del 1-6 que les metió el City hace diez años y ni siquiera el gol de la honra de Cristiano subía al marcador porque el VAR lo anulaba.

El bochorno era tal que Paul Pogba, que saltó al campo en el descanso, no duró ni quince minutos, puesto que en una entrada con los tacos por delante mandó en camilla a Naby Keita y a él a la caseta, expulsado por el VAR.

La goleada, la más dura desde que el Tottenham les metió un 1-6 en octubre de 2020 y el City otro 1-6 en octubre de 2011, provocaba el suspiro de Alex Ferguson en la grada y la risa de Kenny Dalglish.

Una humillación que puede sentenciar a Solskjaer y que deja al United séptimo, a ocho puntos del líder, y al Liverpool segundo, a un solo punto del Chelsea.

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