El keniano Eliud Kipchoge, plusmarquista mundial de maratón, ha revalidado en Sapporo su corona olímpica con un tiempo de 2:08:38 tras recorrer en solitario los 12 últimos kilómetros.

Le acompañaron en el podio dos atletas nacidos en Somalia, el holandés Abdi Nageeye (2h09:58) y el belga Bashir Abdi (2h10:00), que dejaron sin presea al segundo keniano, Lawrence Cherono (2h10:02) y al español Ayad Lamdassem (2h10:16), que fueron con ellos hasta el último kilómetro.

Kipchoge, primer hombre que bajó de las dos horas (1:59:40, marca no homologada porque la carrera de Viena no se ajustaba al reglamento), es el tercero que revalida el título olímpico de maratón, un logro que sólo el etiope Abebe Bikila (Roma’60 y Tokio’64) y el alemán oriental Waldemar Cierpinski (Montreal’76 y Moscú’80) habían conseguido hasta la fecha.

El campeón olímpico y plusmarquista mundial, el más grande maratonista de la historia, encabezaba el grupo de 106 atletas de 45 países que partieron del parque Odori de Sapporo, en un circuito con mucha gente a los lados, para intervenir en la última prueba de atletismo de Tokio 2020.

Las condiciones meteorológicas en la salida eran algo más favorables que en el maratón femenino del sábado: 26 grados y un 80 por ciento de humedad.

Stephen Kiprotich, campeón en Londres 2012, y algunos otros africanos se retiraron pronto, tal vez reservándose para maratones mejor remunerados en otoño.

Kipchoge controló la carrera al frente del grupo, que cubrió los diez primeros km en 30:53. Junto a él, el colombiano Jeison Suárez, los españoles Dani Mateo (décimo en el Mundial de Doha) y Ayad Lamdassem y el intrépido estadounidense Galen Rupp, subcampeón olímpico de 10 mil metros en Londres 2012 y bronce en el maratón de Río.

Por el medio maratón pasaron en cabeza del grupo, reducido ya a una treintena, el sudafricano Mokoka y Kipchoge, en un parcial de 1:05:13. Dani Mateo empezaba a descolgarse, “Guayabita” Suárez y Ayad Lamdassem permanecían en el paquete delantero.

En el km 26 Kipchoge sacudió por primera vez el árbol, marcando, junto a sus compañeros Lawrence Cherono y Amos Kipruto, un ritmo sólo accesible a una quincena, en la que seguía Lamdassem.

La persistencia de Kipchoge fue descolgando más gente, y en el km 30, finalmente, puso pies en polvorosa, por delante de un quinteto integrado por los otros dos kenianos, Lamdassem, el belga Nashir Abdi y el holandés Abdi Nageeye, todos nacidos en África.

El oro tenía dueño mucho antes de que la carrera expirase. Las otras dos medallas permanecían en el aire. Con 8 km por delante quedaba un cuarteto (Cherono, Abdi, Nageeye, Lamdassem) en busca de los otros dos metales, que sólo se decidieron en el último, con la meta a la vista.

Lamdassem fue el primero de los cuatro en ceder, Cherono lo hizo después, y los dos paisanos de Mogadiscio se repartieron las preseas secundarias. Nageeye, con la plata asegurada a 100 metros de la meta, animó a Bashir con gestos expresivos para que dejara atrás a Cherono, y el belga lo consiguió.

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