Desbordada podría ser el calificativo perfecto para la afición que se dejó sentir la noche del jueves en el Estadio Hidalgo.

Como era de esperarse, los locales eran mayoría en un momento en donde sí se esperaba una invasión norteña y es que después de anunciar la venta de boletos, las taquillas quedaron sin una sola entrada. La reventa acaparó parte de las ansias por una final más y los regios tuvieron que pagar el precio.

Historias que iban desde un jueves normal hasta 13 horas de camino, dejar de lado familia, amigos y hasta trabajos sin importar nada más con tal de estar ahí, a unos metros del equipo de sus amores en los primeros 90 minutos que podrían cambiarlo todo.

El caos se empezó a sentir desde muy temprano y es que aunque el partido estaba programado para las 20:06, la cita para los seguidores fue, de hecho, desde antes del medio día. La Bella Airosa comenzó a paralizarse a las 5:30 de la tarde porque alcanzar el mejor lugar era indispensable, tanto que hasta 'escalar' por los bordes del Huracán era necesario para acortar el camino y entrar lo más pronto posible.

La lluvia no paró. Aunque ligera, fue una constante en todo el encuentro y antes de él. La verdad es que poco importó porque nadie se movió de su asiento en un juego en donde Pachuca tuvo todas las de ganar durante gran parte de la final. Una inversión de 10 pesos para un impermeable que apenas cubría y listo, a seguir con la fiesta en la tribuna.

El inicio fue espectacular. La final se pintó, de ambos lados, blanquiazul, pero todos sabían para quien era el gran despliegue de mantas en la cabecera que resguardaba la salida de los jugadores. Un impecable himno nacional y bengalas que soltaban un fuerte color azul, adornaron el protocolo pese a las medidas de seguridad locales y de la Liga MX.

Una buena cantidad de seguidores a la Pandilla llenaron una esquina del estadio y se repartieron por todo el lugar, camuflajeándose entre los Tuzos. Poco se hicieron sentir y los locales no dejaron de alentar ni un segundo. Una llegada tras otra, paradas del 'Conejo' y el peligro de los pupilos de Mohamed en momentos clave, emocionaban al jugador 12. 

Los Técnicos salieron una y otra vez de su área y aunque el 'Turco' no se llevó la ventaja a casa, se dijo más vivo que nunca. Los que hicieron el viaje no se vieron tan confiados, pero sí se quedaron satisfechos de poder ver los primeros minutos de la batalla en casa ajena. 

El final, desbordado de igual manera. Los jugadores se entregaron a los pies del tunel que lleva a vestidores y aunque aún no había que celebrar, la afición lo hacía y lo hizo incansablemente como si ya se hubiera levantado la Copa.