El México vs Ecuador lo tuvo todo: alegría mexicana por la victoria, el grito de “¡Y si sí!” cada vez más fuerte, lluvia, retraso, cambios en ciertos protocolos y un gran ambiente entre ambas aficiones; tanto que ni el frío posterior al aguacero apagó el fervor dentro del Estadio Ciudad de México.
Curiosamente sorprendió ver esa entrega de la gente, ya que, a diferencia de los otros compromisos de México en este recinto, la “entrada en calor” de la afición y el color en las inmediaciones del circuito Azteca tardaron en presentarse hasta pasadas las 3 de la tarde, cuando el sol estaba en su punto más alto.
El debate de folclore o antideportividad en el México vs Ecuador del Mundial 2026
Nos dimos a la tarea de zanjar primero el tema de la “rivalidad” entre ecuatorianos y mexicanos que hizo ruido en redes sociales, pero la gente negó que hubiera un trato hostil por parte de los locales y hasta algunos ecuatorianos resaltaron la calidez de la que siempre se habla del mexicano.
Eso sí, al momento de responder si estaba bien que algunos seguidores tricolores acudieran al hotel de concentración de los sudamericanos para incomodarlos, ya no hubo la misma unanimidad. Algunos resaltaron que parecía una conducta “ardilla (ardidos)” de la afición local y otros simplemente lo dejaron en que “es parte del futbol” y que lo importante “se muestra en la cancha”.
Podría interesarte: ¡Fue un baile! México borró a Ecuador en el Azteca y se metió a Octavos del Mundial 2026
Eso sí, las prácticas cabaleras no podían quedarse fuera y un seguidor de Ecuador llevó una máscara en honor a la “Pachamama”, o como mejor la conocemos, la madre tierra.
La tormenta que alargó la espera del México vs Ecuador
Justo cuando ya todo estaba preparado y solo restaba la cuenta regresiva, se cumplió el pronóstico de tormenta eléctrica y lluvia. Todos corrieron en busca de un impermeable, mientras la FIFA retrasó el juego para las 20:00 horas, tiempo del centro de México.
En el recinto, para amenizar la espera pusieron música y, cuando los jugadores salieron a calentar, la rechifla que se llevó Ecuador era como la que siempre se le desea al peor enemigo. Obviamente, del lado de México fue todo lo contrario: los jugadores pudieron sentir que más de 80 mil almas estaban con ellos.
Como el amor ahora sí era incondicional, cuando se anunció el once de los locales la gente explotó con Gilberto Mora y Julián Quiñones y, por extraño que parezca, también le dio una gran ovación a Javier Aguirre.
Podría interesarte: México logró lo que NADIE contra Ecuador en más de 4 años: Anotarle 2 goles en el 1T en juego oficial
Otro día histórico para México y el Estadio Ciudad de México
Aunque el Azteca, ahora Estadio Ciudad de México, tenga incontables relatos como los triunfos de Pelé y Maradona, la atmósfera cambia totalmente cuando la historia de éxito le pertenece a la Selección Mexicana. Desde el Himno Nacional, el monstruo de las 80 mil cabezas ya hacía retumbar la cancha y le hacía notar al rival que la tribuna completa también jugaba.
No fue solo el himno. El grito de “¡México, México!” o el “¡Dale, dale, México, daleee, Méxicooo!” llevaba en volandas a un cuadro tricolor que hizo suyo el partido desde el inicio y a los 22 minutos encontró la recompensa. Por muy poco, Julián Quiñones estaba habilitado, cruzó el territorio ecuatoriano y con su disparo hizo que el Azteca retumbara con el 1-0. Sí, el nacido en Colombia, con frontera con Ecuador, y que simplemente se encariñó con México cambió la historia: puso al frente a los locales, hizo corear a la gente “¡Y si sí!”, ya sin ningún debate sobre su amor tricolor, sino sobre una canonización por su desempeño en el Mundial.
La fiesta no tardó mucho en volver a hacer vibrar al Coloso de Santa Úrsula. Al minuto 31 y como si se tratara de una noche reservada para golazos, Raúl Jiménez clavó el balón en la escuadra izquierda del marco ecuatoriano para el 2-0. La lluvia de cerveza se repitió, acompañada del grito de “¡Gol!”.
El Azteca vibró y dio paso a un cántico que ya no sonaba a pregunta. Ahora el “¡Y si sí!” sonaba a una declaración de intenciones, a que la gente se sumaba al barco de Aguirre, de Mora, de Quiñones, de Raúl, de la Selección Mexicana, y confiaba ciegamente en que esta será la edición en la que los futbolistas cumplan la promesa de llevar el sueño más allá de los octavos de final.
El ambiente de fiesta se queda corto, pese al amplio repertorio del vocabulario español, porque eran 80 mil almas que se hacían una con la ola, el “Cielito Lindo”, la esperanza unificada y el asombro positivo de saberse parte de una noche histórica, una que le relatarán a toda su estirpe, como en la Edad Media se contaban las grandes gestas de los caballeros que volvían a casa tras una épica conquista.
