En México, envejecer debería significar contar con certezas y no con más trámites ni confusión. Sin embargo, cada vez que surge un nuevo programa social dirigido a personas adultas mayores, la duda se instala de inmediato. Eso es justo lo que ha ocurrido con la llegada de la Tarjeta Dorada, un programa estatal que, lejos de competir con la credencial del INAPAM, puede —y debería— entenderse como un complemento.
¿Una persona adulta mayor con INAPAM puede tramitar la Tarjeta Dorada y recibir los beneficios de ambas al mismo tiempo?
Sí se puede, siempre que cumpla con los requisitos del programa estatal, principalmente residir en Guerrero. Y, aun así, la claridad no ha sido suficiente para evitar la confusión. El problema de fondo no está en los programas, sino en cómo se comunican.
INAPAM es un derecho federal. No depende de convocatorias ni de presupuestos locales: cualquier persona de 60 años o más puede tramitar la credencial y usarla en todo el país para acceder a descuentos en transporte, salud, alimentación, cultura y servicios básicos. Es, en muchos casos, la única herramienta que permite a miles de adultos mayores amortiguar el golpe de la inflación y el encarecimiento de lo cotidiano.
La Tarjeta Dorada, en cambio, es un programa estatal, impulsado por el gobierno de Guerrero bajo el nombre de Envejecimiento con Bienestar. Su alcance es local, sus beneficios también. Y ahí está su valor: descuentos en predial, agua, tenencia, licencias de conducir y trámites estatales que el INAPAM no cubre de forma directa o uniforme. No es una copia ni un reemplazo; es una capa adicional de apoyo.
El punto crítico es que no todos los adultos mayores pueden acceder a ella, y eso debe decirse sin rodeos. Si no se vive en Guerrero, la Tarjeta Dorada simplemente no aplica. Pero para quienes sí residen en la entidad, renunciar a alguno de los dos apoyos sería un error. No hay incompatibilidad legal ni administrativa: se pueden portar ambas tarjetas y usar cada una donde corresponda.
