Sergio Ramos volvió al estadio del Atlético con la camiseta del Sevilla y encontró en el recinto rojiblanco la misma hostilidad que cuando lo hacía con la del Real Madrid.
Eso sí, el defensa de 37 años de edad tuvo su ‘detalle’ con los locales, quienes le recriminaron su actuar antes del partido, donde el cuadro de Nervión perdió 1-0: El ibérico, cuando salió a calentar al césped del Metropolitano, no esquivó el escudo colchonero y los seguidores se le fueron con todo, tanto en el campo como en las redes sociales.
No pisar el símbolo de las instituciones, que adornan los campos, no es regla escrita; eso sí, es una especie de cortesía profesional para la simbología que adornan los campos mundiales.
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Sergio Ramos, durante el partido, fue silbado cada vez que tocó el balón, el central escuchó la repulsa de la grada, pero no se arredró: Subió al remate en las acciones a balón parado de su equipo y falló en el tanto de Llorente.
En el listado de ‘enemigos’ de la afición colchonera figura Sergio Ramos en una posición muy destacada; aquel cabezazo en Lisboa en la Final de la Champions de 2014, con el que batió a Thibaut Courtois y provocó una prórroga en el último suspiro, cuando ya los rojiblancos se veían campeones, desató muchas lágrimas en la hinchada, que aún no ha perdonado ni entendido el porqué el neerlandés Björn Kuipers, árbitro del partido, dio cinco minutos de añadido.
Ahora, Sergio Ramos vive en el Sevilla la otra cara del futbol: La de tener que aprender a no ganar casi siempre y a luchar por objetivos muy diferentes. Después de 16 temporadas, 22 títulos, 671 partidos y 101 goles con el Real Madrid y de un periplo de dos cursos con el PSG con el que levantó dos ligas francesas, en el Sevilla las metas son más modestas.
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